Frankfurt es una ciudad que mantiene el equilibrio perfecto entre modernidad y antigüedad, el ajetreo de una gran ciudad y la tranquilidad de su casco viejo y que transmite su río, comercio y cultura, etc. De hecho, es una de esas ciudades en las que no me importaría vivir.
Se considera la ciudad más internacional de Alemania, es la capital financiera del país y tiene una situación privilegiada en el eje de comunicaciones, que ha sido usado como centro de comercio desde el siglo XII, atrayendo gente de los países bálticos y del Mediterráneo.
La zona más animada de la ciudad se encuentra en torno a la Hauptwache, donde se encuentra la cárcel famosa por haber tenido de prisionero a Goethe. Sus grandes y modernos rascacielos han hecho que le apodasen como Mainhatten, como por ejemplo, la sede del Commerzbank, obra de Norman Foster.
En el casco viejo nos sorprenderá El Roemer, que es un conjunto de casas burguesas de la época medieval, hoy en día ocupadas por las dependencias del Ayuntamiento. Justo en frente de esta plaza, veremos la Gerechtigkeitsbrunnen, es decir, la Fuente de la Justicia, de la que cuenta la historia que brotaba vino tinto y blanco durante la coronación de los Emperadores.
Al sur de la plaza, se encuentra la Haus Wertheym, la única casa de entramado de estilo gótico que sobrevivió a los bombardeos de la II Guerra Mundial. La iglesia de San Pablo está a tan sólo unos metros, y es famosa por albergar un importante hecho histórico, la primera Asamblea Nacional Alemana elegida después de la revolución de Marzo, y es el símbolo de la libertad y democracia alemana.
La casa-museo Goethe, casa donde nació el autor, es digna de ver ya que en primer lugar el trabajo de restauración realizado es impresionante, y en segundo lugar, porque nos muestra pinturas y manuscritos del mayor poeta del país.
El museo científico más grande de Alemania también se encuentra en Frankfurt y muestra el desarrollo de las especies animales a lo largo de millones de años.
Una vez entra la tarde, la calle Berger nos proporcionará un buen rato en sus tabernas, bares y restaurantes.
Frankfurt es una ciudad que no decepciona, más bien todo lo contrario, sorprende y transmite ese equilibrio entre modernidad y tradición que hablabamos anteriormente.


